sábado, abril 22, 2017

Trump no sabe qué hacer con Cuba

Trump no sabe qué hacer con Cuba
El viaje de los gobernadores republicanos a la isla pone de manifiesto
que el presidente no ha ultimado el ataque contra el plan de concesiones
de Obama
JUAN JESÚS AZNAREZ
21 ABR 2017 - 19:58 CEST

El desembarco en Cuba de gobernadores y legisladores del partido
republicano de Estados Unidos probablemente no se hubiera llevado a cabo
si Donald Trump hubiera advertido a su partido de la inconveniencia de
esas visitas porque ultima una ofensiva contra las concesiones de Barack
Obama en la distensión binacional anunciada con Raúl Castro el 17 de
diciembre del 2014. No parece ser así porque sigue dudando sobre qué
hacer con Cuba.

Tampoco Mariano Rajoy hubiera aceptado "encantado" un visita del más
alto nivel a la isla "lo antes posible", de haber sido apercibido por
Washington en sentido contrario. Conclusión: pese a las belicosas
promesas de campaña del magnate presidente, definir la nueva política
hacia el vecino marxista no es tarea fácil porque en la toma de
decisiones se entrecruzan ingredientes políticos y empresariales. Aunque
el imprevisible presidente prometió apretar el dogal al castrismo para
forzar su apertura política, no piensa en la bomba atómica, ni en una
invasión de la isla.

Mientras tanto, y sin llegar a la frecuencia registrada durante el
deshielo de Obama, el tráfico de viajes republicanos hacia el país
caribeño revela la compleja convivencia entre los halcones cubanos
americanos partidarios del endurecimiento y las palomas empresariales,
patrocinadoras de la distensión sin condiciones.

El gobernador de Misisipi, Phil Bryant, aterrizó esta semana en el
aeropuerto José Martí con una delegación de empresarios y funcionarios
relacionados con el turismo, la agricultura y la exportación de
alimentos; en febrero, lo hizo el senador William Thad Cochran, para
firmar acuerdos portuarios y, poco antes, el gobernador demócrata de
Colorado, el alcalde de Newark, un lobby económico de Chicago y dos
delegaciones parlamentarias.

A la espera de que la Casa Blanca determine el rumbo de las relaciones
bilaterales, respetando, corrigiendo o anulando las órdenes ejecutivas
de Obama, el éxito de la visita del canciller cubano Bruno Rodríguez a
Madrid refleja una tendencia internacional hacia la pacífica
cohabitación con el castrismo y discurrió paralela a la irritación de
quienes en EE UU, América Latina y Europa apuestan por la mano dura
aplicada por las administraciones republicanas durante más de medio siglo.

La Unión Europea aprobó en 1996 la Posición Común promovida por José
María Aznar: cooperación por democracia. El ministro popular José Manuel
García-Margallo cambió de rumbo en 2011, secundando el activismo
socialista. Coincidió con Obama en que el garrote no llevó la democracia
a Cuba, y, contrariamente, complicó los intereses de Madrid al sur de
Rio Bravo. Nuevas elecciones y nuevos gobiernos criticaron el
apartamiento de la mayor de las Antillas, y las cumbres iberoamericanas
corrían peligro si los ejecutivos izquierdistas de Brasil, Argentina,
Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Cuba las objetaban.

Pero como casi todo en Latinoamérica es fluctuante, excepto la
corrupción, la delincuencia y los populismos, la veleta regional se ha
movido hacia la derecha: Brasil, Argentina y otras naciones se alejan de
La Habana. La UE intenta la sincronización con EE UU, pero al ganar
Trump perdió el paso. Tratando de no tropezar con el nuevo ritmo,
todavía sin partitura, negocia con Cuba más cerca de la zanahoria que
del palo.

Source: Trump no sabe qué hacer con Cuba | Internacional | EL PAÍS -
http://internacional.elpais.com/internacional/2017/04/21/actualidad/1492770624_466794.html

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