En cierta casa de Gibara falta una tarja
Las paredes ya no son de madera, sino de ladrillos. "Carne al corte",
dice un anuncio, escrito con tiza sobre un cartón, en la pared de la
casa natal de Guillermo Cabrera Infante
viernes, febrero 20, 2015 | Alberto Méndez Castelló
HOLGUÍN, Cuba. -"Carne al corte", dice un anuncio, escrito con tiza
sobre un cartón donde, en cierto domicilio de la calle Independencia,
debería levantarse una tarja.
Sobre mármol, bronce, o vaya usted a saber sobre qué material más
consistente que el endeble reclamo de un carnicero, debió especificarse:
"Aquí nació Guillermo Cabrera Infante, escritor y periodista. Premio
Cervantes 1997".
Pero no. En este sitio nada recuerda que aquí lloró y río por vez
primera una de las voces más encumbradas de la literatura en lengua
española. Y no lo puedo creer. Porque dicen que ya no es un "censurado".
Y vuelvo sobre mis pasos.
"¿Pudiera indicarme cómo llegar a la casa natal de Cabrera Infante?",
pregunté al viejo historiador de Gibara, Antonio Lemus Nicolau. "Es en
la calle Independencia, pero todavía no tengo el número", dijo el viejo.
Pisando la tierra natal del autor
Cuba, una isla de apenas once millones de habitantes, ha sido
distinguida con tres Premios Cervantes: Alejo Carpentier (1977), Dulce
María Loynaz (1992) y Guillermo Cabrera Infante (1997), ¿y todavía la
historia oficial "ignora" el sitio exacto donde nació Guillermo?, me
pregunto.
Es martes, y recuerdo el refrán que me alerta cuando debo emprender
tareas perentorias en días como este: "Ni te cases ni te embarques".
Casado estoy y en camino casi siempre.
Acabo de llegar a Gibara armado de Cuerpos divinos, "una de las obras
más autobiográficas de Guillermo Cabrera Infante", según dicen Galaxia
Gutenberg-Círculo de Lectores en las solapas, y en la Biblioteca
Municipal, junto a la parroquia de San Fulgencio, pregunto por Tres
tristes tigres.
"¡Cabrera Infante…!", exclama una turista puertorriqueña que, en una
mesa cercana, consulta un catálogo. "No, no tenemos nada de él", me dice
una bibliotecaria, mencionando cierto ensayo sobre Guillermo mientras
acota en un susurro: "Como estaba prohibido…".
Pero el ensayo de marras, premiado por la comisaría cultural del propio
régimen, tampoco aparece en la cuna del escritor, con todo y decir la
nomenclatura que, su carente presencia en Cuba, es obra y gracia del
propio Cabrera Infante y de su familia.
Calle Independencia arriba, precisamente en la calle natal de Guillermo,
tiene su asiento la única librería que existe en Gibara. Enarbolando
Cuerpos divinos pregunto a la librera qué puede ofrecerme de este autor.
"¿Dónde publica él, en Letras Cubanas?", pregunta la librera. "No
precisamente", digo.
La librera me asegura que lleva dieciocho años en aquel lugar y, que
jamás, ha vendido ni ha tenido un libro de tal autor en sus manos: "Este
es el primero", dice.
La casa de los Cabrera Infante
Marina Reynaldo Infante, de 84 años, es prima hermana de Guillermo y
Saba Cabrera Infante, está con una crisis de su hipoglicemia y pide a su
hija Greta Figueredo que me atienda.
"Zoila, la mamá de Guillermo era tía de mi mamá. Mucho tiempo después de
ellos irse a La Habana, continuaron viniendo a visitar a la familia que
quedó aquí", dice Greta, presentándome a los actuales inquilinos de la
vivienda que fuera propiedad de los Cabrera Infante, ahora subdividida
en tres domicilios.
"Tengo carne de lomo, de paleta, de pierna, lo que usted quiera", me
dice con el tono arrollador del vendedor dinámico Ismael Buzzi Leyva,
tomándome por un presunto comprador, y llevándome hasta el centro de la
casa, abre el refrigerador, mostrándome su mercancía.
Las paredes ya no son de madera, sino de ladrillos. Pero el piso es el
mismo e imagino al chiquillo Guillermo Cabrera Infante correteando por
aquí. Es el número 140 de la calle Independencia, Gibara.
"Muchas personas pasan por aquí, preguntando por él (Guillermo). Esta
casa y la de al lado eran una sola, que fue donde él nació", dice Isabel
Hidalgo Pérez, la esposa de Ismael, pensionado por una enfermedad
cardiovascular, que, para sobrevivir, "de vez en cuando vende alguna
carne de cerdo".
"Le agradezco mi afición a la lectura a Guillermo. Una vez vino, porque
después de ir a vivir a La Habana, ellos siguieron viniendo a Gibara, en
esta casa vivían su abuela y su bisabuela, y me regaló los libros de
cuentos de su niñez; recuerdo un álbum de Blanca Nieves y los siete
enanitos, uno de esos que se completaban con postalitas", dice Marta
Medina Hernández, de 74 años de edad, residente en Independencia 142, la
parte de la casa de los ancestros de Guillermo Cabrera Infante que aún
conserva, milagrosamente luego del paso del huracán Ike, su estructura
de madera.
"Pero ya esto se está cayendo", asegura Marta, señalando las vigas de
acero que sustituirán los últimos vestigios de la memoria natal material
de Guillermo Cabrera Infante en Gibara.
Para entonces, el régimen, en complicidad con el tiempo, creerán haber
completado su obra: puro olvido. Craso error. Con todo y su
premeditación y alevosía, las pequeñeces de las dictaduras no llegan al
talón de un escritor grande. Sin torceduras ni hipocresías llegará el
día en que Guillermo tenga su sitio en Gibara y en Cuba, como
afortunadamente tiene hoy, para orgullo de los cubanos que saben querer,
en el resto del mundo.
Source: En cierta casa de Gibara falta una tarja | Cubanet -
http://www.cubanet.org/noticias/en-cierta-casa-de-gibara-falta-una-tarja/
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