Baño turco en La Habana
Algunos políticos no parecen conocer lo suficiente sobre Cuba
Eugenio Yáñez, Miami | 19/02/2015 4:13 pm
En una semana hemos sido testigos de colosales despistes de más de un
político extranjero al hablar sobre Cuba. No parecen bien informados
sobre las realidades del país y, tratándose de personajes de alcurnia
política, esas cosas no deberían suceder.
Uno de ellos, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, acaba de visitar
Colombia, Cuba y México, en una ofensiva para ampliar la presencia
política y económica de su país en América Latina. Nada malo en ello.
Turquía, que viene a resultar lo que queda del antiguo Imperio Otomano,
es un país cuya presencia territorial europea se limita ahora a
Estambul, aunque hubo tiempos en que sus huestes avanzaron hasta las
puertas de Viena e infestaron el Mar Mediterráneo de piratas.
Las historias modernas de los turcos no muestran precisamente
arcángeles: cargan en su historia el genocidio de entre 1,5 y 2 millones
de armenios entre 1915 y 1923. Y en un territorio de alrededor de
200.000 kilómetros cuadrados (casi un tercio de la superficie de
Turquía) sobreviven actualmente, repudiados y discriminados, 27 millones
de kurdos, de una población total de 60 millones dispersos por Turquía,
Irak, Siria, Irán, Armenia y Azerbaiyán. Los kurdos, en su mayoría
sunitas, son la mayor minoría étnica del Medio Oriente sin
estado-nación, con mucha mayor población y territorio que los
palestinos. Sin embargo, a diferencia de los palestinos, no necesitan
inventarse una historia —como hizo Yasser Arafat— pues su presencia en
la región data de mil años antes de Jesucristo.
Turquía es un país musulmán aliado del mundo occidental, y pertenece a
la OTAN. Es un Estado moderno, democrático y laico, fundado por Mustafá
Kemal Atatürk en 1923, donde los líderes religiosos musulmanes no tienen
más poder que los gobernantes, y no prevalecen actitudes sociales tan
cavernícolas como en Arabia Saudita o Afganistán. Sin embargo, sus
posiciones en los últimos tiempos frente a los energúmenos del Estado
Islámico dejan mucho que desear, pues no se han destacado ni por el
rechazo a sus salvajadas ni por participar abiertamente en la coalición
contra esa brutal pandilla.
El presidente Erdogan, como mencionamos, visitó Colombia, Cuba y México.
Y, como establece el protocolo, en su visita a La Habana se reunió con
Raúl Castro en el Palacio de la Revolución.
Y salió de esa reunión impresionado con la arquitectura de la
construcción. Se declaró "fascinado" con la instalación, y dijo a los
periodistas que le acompañaban en el avión de regreso a Turquía: "Miren
a Cuba. Vienen del socialismo. El palacio en Cuba me fascinó. No entras
a un edificio de hormigón. No caminas por pasillos de mármol. El palacio
de Cuba es magnífico".
Y para reiterar su desinformación expresó: "Creo que el dinero que han
gastado ahí es más de lo que hemos gastado para nuestro palacio
presidencial" en Ankara ($570 millones y más de mil habitaciones). Y
añadió: "Caminas a través de árboles, ramas, bosque", declarando que, de
haberlo conocido antes, podría haber imitado el verdor del palacio
cubano en su propio nuevo Palacio Blanco.
Solamente hay un "pequeño detalle" que no debe pasarse por alto: el
presidente turco cree que el Palacio de la Revolución ¡es obra del
socialismo cubano! ¿Habrá estudiado en la UCI este señor? Poco
alentadoras comienzan las relaciones Turquía-Cuba con ese nivel de
desinformación.
Desde su lejana meseta de Anatolia y con tantas preocupaciones
estratégicas en su cabeza presidencial no tiene que conocer todos los
detalles de una pequeña y empobrecida nación en el Mar Caribe, que
aunque proclame lo contrario no deja de ser del Tercer Mundo. Pero es de
suponer que el Presidente tenga asesores, diplomáticos, colaboradores y
periodistas con suficiente madurez para no transmitir sin verificar
declaraciones que suponen errores históricos garrafales.
Cualquiera con un mínimo de rigor en su comitiva o su entorno pudo
haberse informado y decirle al señor Erdogan que el presidente cubano
Carlos Prío Socarrás (1948-1952) ordenó la construcción de esa
edificación para sede del Tribunal Supremo de Justicia y la Fiscalía
General, y que después del golpe de Estado de Batista se le agregó el
proyecto de la Plaza Cívica de la República, rebautizada por el
castrismo Plaza de la Revolución José Martí.
Y haberle aclarado que, al menos en La Habana, prácticamente todas las
grandes obras de arquitectura e ingeniería de los siglos 20 y 21 fueron
construidas en el período anterior a 1959, aunque en algunos casos
fueron terminadas por "la revolución": el Capitolio Nacional, la
Carretera Central, la Universidad de La Habana, la Plaza Cívica, el
Túnel de la Bahía de La Habana, los túneles del Río Almendares, los
hospitales, la Vía Blanca, el puente de Bacunayagua, y tantas otras.
Para los que lo ignoren, lo que hoy es el Hospital Ameijeiras, en su
ubicación actual, fue inicialmente un proyecto anterior a 1959 para el
Banco Nacional de Cuba.
Las únicas construcciones de la etapa "revolucionaria" en La Habana que
merezca la pena mencionar son el Palacio de las Convenciones, el Polo
Científico, los hospitales para altos cargos de la nomenklatura, y el
reparto Alamar.
Y, sinceramente, algunos de esos no parece que sean para sentirse
orgullosos, ni que puedan impresionar a muchos, incluido el presidente
turco.
Source: Baño turco en La Habana - Artículos - Opinión - Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/bano-turco-en-la-habana-321980
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario