sábado, julio 30, 2016

Dividen aunque no puedan vencer

Dividen aunque no puedan vencer
julio 27, 2016 5:00 pm

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino (PD) El sistema castrista, en sus
57 años de existencia, como método de dominación, ha sido experto en
atizar los conflictos entre los cubanos, la desconfianza, la envidia, el
odio y la chivatería.

En los primeros años, invocando la lucha de clases, fue el odio contra
los burgueses, entendidos como tales no solo los adinerados, sino
también las personas refinadas y de buenos modales, o simplemente los
que decían señor y señora en lugar de compañero y compañera o empleaban
frases tan sospechosas y reminiscentes del pasado capitalista como
"buenos días" y "muchas gracias". De esa época, cuando acabaron con los
"valores burgueses", que no eran tales, sino valores a secas, vienen
muchos de los actuales problemas éticos, ante los cuales los mandamases
ponen cara de yo no fui mientras dicen que "hay que recuperar los
valores que se han perdido en esta sociedad".

Durante décadas, hicieron que fueran odiados los que se iban del país,
que eran considerados traidores. Hasta cartearse con ellos era pecado.

Fomentaron la intolerancia más acérrima contra los diferentes: los
religiosos, los melenudos, los homosexuales, los disidentes, etc. Se
creó un clima de paranoia en que nadie confiaba en nadie, por temor a
que lo delataran al CDR, a la policía, a Seguridad del Estado y se temía
hasta a las paredes, no fueran a tener oídos.

¿Cuántos responsables de vigilancia y presidentes de Comités de Defensa
de la Revolución, con sus informes en las verificaciones para acceder a
determinados centros de trabajo o de estudios, arruinaron el futuro de
sus vecinos, a veces solo por razones personales, porque les caían mal?

El odio y la infamia alcanzaron niveles de paroxismo en el verano de
1980, cuando los mítines de repudio contra los que se iban del país por
Mariel, que son el antecedente de los que realizan actualmente las
turbas de porristas azuzadas por los esbirros de la policía Seguridad
del Estado contra las Damas de Blanco y los opositores.

¿Alguien recuerda aquellas asambleas en los centros de trabajo donde los
compañeros peleaban entre sí como alacranes y se sacaban los trapos
sucios disputándose un apartamento en el edificio de microbrigada donde
habían trabajado 12 horas diarias durante varios años, o por ganarse el
derecho a comprar un televisor o una lavadora rusa?

¿Cuántas delaciones y zancadillas no valía entre funcionarios un
ascenso, un Lada, o peor aún, un viaje al exterior, aunque fuese a Mongolia?

Luego del Periodo Especial, cuando despenalizaron el dólar y autorizaron
las remesas, vinieron los resquemores y las envidias contra los que
tenían CUC y podían vivir un poco mejor, gracias al dinero enviado por
sus familiares residentes en el exterior.

Actualmente, a pesar de ser contados como actores complementarios de la
actualización del modelo económico, los llamados "cuentapropistas"
–oficialmente los llaman así con ese feo nombre para no reconocerlos
como propietarios de negocios privados- son culpados de todas las
escaseces, lo mismo de que no haya cerveza como de que no alcance para
todos el pan en las panaderías o las papas en los agromercados, para
granjearles la animadversión de la población.

También culpan a los cuentapropistas, y no a las ineficientes empresas
estatales y a la burocracia mafiosa del Ministerio de Agricultura, de
los altos precios de los productos agrícolas. En vez de desatar las
trabas absurdas de la planificación centralizada, aprovechar las miles
de hectáreas de tierras cultivables que están ociosas, invadidas por el
marabú, pagar más a los productores y garantizarles los insumos para
aumentar la producción, que es el único modo de bajar los precios,
decidieron toparlos arbitrariamente, perseguir a los intermediarios y
los carretilleros, amenazar a los arrendatarios con quitarles la tierra,
y volver a recurrir a Acopio, luego de tantas décadas de fracasos, en
las que solo consiguió el desabastecimiento de los mercados mientras que
las cosechas se podrían en el campo, por falta de camiones, de
combustible o de envases.

Ahora mismo, cuando empeora el transporte público y amenazan con volver
aquellos días del Periodo Especial cuando las guaguas demoraban horas en
pasar, decidieron topar los precios de los taxistas particulares, los
llamados boteros, que son los nuevos satanizados, "los inescrupulosos
que se aprovechan de las necesidades del pueblo", como antes fueron los
intermediarios de los agro-mercados y los carretilleros, a riesgo de
agravar más la situación y generar el caos que ya se ve venir y que el
estado, siempre incompetente en todo lo que no sea la represión, es
incapaz de evitar.

A la vez que han lanzado a la calle a un ejército de inspectores para
que vigilen a los boteros, las autoridades, para que no se pierda el
hábito de la chivatería, han habilitado un número telefónico, el 18820,
para denunciar a los choferes que cobren por encima de lo autorizado.
luicino2012@gmail.com; Luis Cino

Source: Dividen aunque no puedan vencer | Primavera Digital -
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