miércoles, septiembre 30, 2015

Ante la inminente disyuntiva

Ante la inminente disyuntiva
[29-09-2015 22:49:10]
Alberto Medina Méndez

(www.miscelaneasdecuba.net).- Queda muy poco tiempo para que la
incertidumbre quede atrás. Cuando lo electoral sea superado, se empezará
a escribir el capítulo que todos esperan con ansias. El destino de la
sociedad depende, en buena medida, de las determinaciones que se tomen
en lo político y económico.
Las instituciones se han debilitado y la economía es una bomba de tiempo
aunque, en realidad, lo más grave ha sido la creciente crisis moral y la
destrucción de los valores. En eso la reconstrucción parece más compleja.

Hablar de lo económico produce escozor a muchos, especialmente a los
políticos que intuyen que el dilema está muy próximo, que deberán tomar
decisiones de gran impacto y asumir además sus inevitables consecuencias.

Pero también son demasiados los ciudadanos que prefieren evadir el
asunto, minimizar la cuestión e ilusionarse con que solo habrá que
enfrentar una leve turbulencia insignificante y casi imperceptible. A
veces parece mejor ignorar lo que sucede y evitar preocupaciones,
utilizando esa dinámica como un mecanismo de defensa. No es una actitud
muy racional, ni atinada, pero es demasiado frecuente y eso explica la
actualidad.

En poco tiempo habrá que decidir entre el gradualismo y las políticas de
shock. El rumbo ya no es parte de la discusión. Solo resta definir los
tiempos, las formas y los instrumentos tácticos de una estrategia
general compartida aunque siempre repleta de sutiles matices opinables.

El sendero ya está trazado y no precisamente porque se haya debatido lo
suficiente, ni por los consensos logrados de la mano del diálogo
civilizado. El inocultable desmadre y la inmensa nómina de disparates
que forman parte del arsenal de decisiones del pasado, no solo en lo
político, sino también en lo económico, conformaron este escenario
peligroso obligando a encaminarse en una dirección indiscutible, ya no
por las convicciones profundas, ni por las coincidencias, sino por
imperio de las circunstancias.

Propios y extraños lo saben. Unos, intentan disimular con discursos
ambiguos sus verdaderas impresiones sobre lo ocurrido en el pasado y el
contexto que tendrán que administrar si triunfan. Los otros, aprovechan
con oportunismo lo que sale a la luz, pero son conscientes que decir la
verdad sobre lo que se debe hacer pone en riesgo sus posibilidades
electorales.

El presente parece invitar a mentir sistemáticamente y ocultarles a
todos la más cruda realidad. Coinciden en sugerir que la salida de este
tembladeral será sencilla, casi sin secuelas relevantes y prefieren
transmitir optimismo.

Lo cierto es que la fiesta se acabó y no precisamente por una actitud
reflexiva, sino porque simplemente se agotó el presupuesto. El
despilfarro de estos años ha encontrado un límite, ese que imponen los
hechos sin pedir permiso. Las determinaciones desquiciadas han montado
este presente del que no será nada fácil salir.

Todo se pudo prever, pero para los que gobernaron era más cómodo seguir
con la inercia y hacerse los distraídos. Han conseguido aguantar hasta
la finalización de su tiempo en el poder y ahora preparan el relato para
asegurarse que el futuro sea absoluta responsabilidad ajena.

Los que aspiran a tomar la posta saben de esta comprometida situación,
pero, por ahora, solo les preocupa acceder al poder. Luego diseñarán el
discurso para justificar los cambios que precisan hacer y se ocuparán de
aclarar que sus decisiones eran totalmente necesarias.

Lo que viene se parece mucho a una tempestad aunque no se pueda
dimensionar el tamaño del impacto final. La sociedad debería
comprenderlo. No se puede vivir del aire, no es razonable obtener
recursos sin esfuerzo y mucho menos subsidiar indefinidamente a una
porción significativa de la comunidad, prolongando en el tiempo este
disparate.

Esa fantasía tiene un límite. Es posible forzar las cosas durante algún
tiempo. Abundan los mecanismos artificiales que permiten hacerlo y
extender la vigencia de esa ficción, siempre un poco más. Pero en algún
momento todo se desmorona y entonces se debe hacer lo preciso.

Pronto, muy pronto, habrá que tomar decisiones. Lo único que resta
explicar es el modo de hacerlo. No se trata de una discusión entre los
que prefieren continuidad y los que quieren cambiar. Seguir igual que
ahora ya no es una opción. Solo queda saber si la agonía se extenderá
por largo tiempo antes de tocar fondo para luego recién volver a
arrancar, o si se seleccionará un camino más tortuoso en el corto plazo,
con la intención de abordar entonces una recuperación más acelerada.

No existe una fórmula mágica que resuelva este intríngulis. No se sale
de semejante lista de errores groseros sin pagar costos importantes.
Nada es gratis y es bueno aprender a hacerse cargo de los desaciertos
electorales de los ciudadanos. La apatía, la abulia, la indiferencia y
el desinterés también tienen un precio y es saludable asumirlo para
evitar renovados tropiezos.

El panorama no es auspicioso. Lo que viene no será simple. Los
gobernantes tendrán que seleccionar las variantes tácticas, las
herramientas y medidas que tomarán para salir de este caos. Queda poco
tiempo para que el telón se levante y empiece un nuevo ciclo. El final
de esta historia sigue siendo un gran misterio. Lo cierto es que se
agotó el plazo y que se avecinan tiempos de definiciones. Ya no se puede
ocultar que la sociedad está ante la inminente disyuntiva.

Source: Ante la inminente disyuntiva - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/560af9463a682e0c749a6803#.VgvL1Hqqqko

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