Publicado el miércoles, 05.19.10
La intolerancia
By NICOLAS PEREZ DIAZ-ARGÜELLES
La intolerancia es una desafinación de las cuerdas del alma. Un vicio solitario sin posibilidad de procrear una descendencia espiritual. Ella carece de ideología y es ambidiestra. Pinochet era intolerante y Fidel Castro lo es. El típico iracundo latinoamericano de izquierda --y cito un viejo cuento que conocen muchos, pero es gráfico-- es aquél que si llega a su casa y sorprende a su esposa en un sofá haciendo el amor con un amante, bota el sofá y se va a tirar piedras a la embajada norteamericana porque los yanquis son culpables de todo lo que sucede en Latinoamérica, hasta de los cuernos que le pegan a un tonto. El intolerante de derecha en estos días lo tenemos más cerca, es aquel republicano que dice que Barack Obama no nació en Estados Unidos en un intento triste y ridículo de empañar la imagen de Obama, y que termina empañando la majestad del poder de la presidencia de Estados Unidos.
La intolerancia tiene actualidad porque algunos republicanos, no todos, han dado un preocupante giro a la derecha donde el racismo y la xenofobia se mezclan con un macartismo duro. La izquierda de Nancy Pelosi es Satanás, y el centro de Charlie Crist el cuello de un cisne a modo de sospechoso signo de interrogación. Poner por encima de la disciplina del partido las ideas propias, en ciertos medios norteamericanos, es hoy una apostasía. Como en Cuba y otros países totalitarios el criterio de un hombre debe someterse a la voluntad de una rígida burocracia sin la más mínima capacidad de imaginación. Y la situación es tan preocupante que en ciertos grupúsculos no se salva ni siquiera un conservador impecable como Mitt Romney, sólo una Sarah Palin con su populismo y estridencias es químicamente pura. Esto no sólo es un peligro para el Partido Republicano sino para EEUU, porque la grandeza de este país se fundamenta en 200 años de bipartidismo ininterrumpido con canales de comunicación entre las diferentes tendencias. Los políticos norteamericanos siempre han creído en el compromiso, no en el choque de trenes. Si esta tendencia de republicanos fuera de control continúa, ¿acaso se avecina una catástrofe política?
Las épocas en Estados Unidos la definen los temas. A esta época la define la ley de inmigración del estado de Arizona. En la Florida, mientras Charlie Crist no apoya la ley, Marco Rubio y Bill McCollum, ambos del Partido Republicano, después de oponerse a este engendro que humilla y lesiona nuestra condición de hispanos, ahora la apoyan. Si salen electos como candidatos de sus partidos, como los camaleones cambiarán de color en la elección general e intentarán ir al centro, pero ya la conducta fue impropia.
Me interesa poco lo que haga Bill McCollum, pero lo que hace Marco Rubio emocionalmente es mi problema. Lo conozco cuando era productor de Roberto Rodríguez Tejera en la WQBA y en tiempo de elecciones hablábamos constantemente. Es un estupendo muchacho y me simpatiza, es difícil escapar a su encanto personal. Conjuntamente con Andy García y Emilio Estefan conforman el trío de jóvenes cubanos exiliados que más admiro.
Cuando más me impresionó Marco Rubio fue en un almuerzo que la Fundación Nacional Cubano Americana le ofreció a Barack Obama. Fue el orador principal exiliado del acto, y con un auditorio donde quizás algunas esquinas no le favorecían, comenzó a decir todas las cosas que allí algunos no deseaban oír con un carisma, una fuerza y una oratoria tan subyugante, que en varias ocasiones un generoso público lo ovacionó de pie durante varios minutos. Se aplaudió más a Marco Rubio que a Barack Obama, a pesar de que aquel día el actual presidente de Estados Unidos desarrolló un discurso histórico en que trazó su política hacia Cuba y de cierta forma hacia América Latina.
Aquel día pensé que Marco Rubio era la gran promesa cubana de la vida pública norteamericana, y quizás lo sea, pero no para mí. Estoy de vuelta del carisma y los grandes discursos. Del radicalismo sin substancia que atrae a los despistados. La ética siempre debe primar por encima de otras consideraciones. Reconozco que el político no es un santo, pero que Marco Rubio sea un exiliado cubano que haya criticado la Ley de Inmigración de Arizona y luego con una gran dosis de oportunismo la haya aplaudido, me ha decepcionado.
no me vengan con la historia de que el 60% de los norteamericanos y la mayoría de los votantes de Arizona apoyan la ley. La mayoría de los alemanes e italianos apoyaron a Hitler y a Mussolini, los venezolanos a Chávez, y en 1959 los cubanos casi en su totalidad gritaron paredón y en 1961 aplaudieron que la revolución se convirtiese al marxismo leninismo. Los pueblos se equivocan. Y hasta más de la cuenta. El líder que desobedece los deseos erróneos de su base y señala el camino, su perfil es de coraje. Quien se deja arrastrar por la masa es un mediocre. El verdadero líder es como ese capitán de barco que surca el mar bordeando arrecifes y tormentas y guía a sus pasajeros a puerto seguro. Cuando se vira la tortilla y son los pasajeros quienes guían a puerto seguro a su capitán, hay algo podrido en Dinamarca.
Nicop32000@yahoo.com
http://www.elnuevoherald.com/2010/05/19/v-fullstory/722230/nicolas-perez-diaz-arguelles-la.html
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