jueves, abril 28, 2016

Los retos del nuevo arzobispo de La Habana

Los retos del nuevo arzobispo de La Habana
Monseñor Juan García tendrá que asumir relaciones al más alto nivel con
las autoridades nacionales y la intensa actividad internacional de su
predecesor
jueves, abril 28, 2016 | Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba.- El Cardenal Jaime Ortega fue sustituido como arzobispo
de La Habana por Monseñor Juan García Rodríguez, arzobispo de Camagüey,
el 26 de abril, pero conservará el rango cardenalicio. Ortega había
presentado la renuncia al papa Francisco en 2013 al cumplir 75 años de
edad, como establece el Vaticano. También Monseñor Petit, obispo
auxiliar, pasó a retiro por edad. Por tanto, deberán cubrirse las
vacantes, lo que significará la promoción de varios altos dignatarios y
el movimiento de otros prelados. Aunque esperada, la sustitución al
frente de la importante sede de la capital cubana podría incidir en el
desempeño actual de la jerarquía católica, aunque las relaciones con el
gobierno cubano deberían continuar fluidas a tono con la política del
papa Francisco.

La Iglesia católica resistió fuerte hostilidad en la década de 1960,
cuando era severamente reprimida y los fieles sufrieron injusta
persecución, con el envío de muchos –incluido el joven sacerdote Jaime
Ortega– a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), reales
campos de trabajo forzado existentes de 1965 a 1968. No fue hasta 1992,
comenzada la fuerte crisis ocasionada por la pérdida de las ventajosas
relaciones económicas con la Unión Soviética y el llamado campo
socialista, que las autoridades cambiaron la política hacia todas las
religiones, con la simbólica decisión de permitir la militancia en el
Partido Comunista a los creyentes.

En 1993, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), presidida
por Ortega, emitió el documento "El amor todo lo espera", que analizaba
la situación existente en el país y llamaba al "diálogo franco,
amistoso, libre, en que cada cual exprese su sentir verbal y
cordialmente. Un diálogo no para ajustar cuentas (…) Un diálogo que pase
por la misericordia, la amnistía y la reconciliación (…) La disensión
puede ser una fuente de enriquecimiento (…) No hay por qué temer a las
réplicas y las discrepancias, porque las críticas revelan lo que los
incondicionales ocultan".

El recorrido del papa Juan Pablo II en 1998, y en especial sus palabras
durante la multitudinaria misa oficiada en la Plaza de la Revolución
ante Fidel Castro, contribuyó a iniciar la reflexión de los cubanos
sobre la situación existente y sus potencialidades como ciudadanos, e
impulsó el viraje en las relaciones Iglesia-Estado. Las visitas de
los papas Benedicto XVI en 2013, y Francisco en 2015, fueron la
prolongación.

En 2010, el cardenal Ortega, respaldado por la COCC y en colaboración
con el Gobierno de España, desempeñó un importante papel en la
excarcelación de 53 de los 75 prisioneros de conciencia, que permanecían
en las cárceles desde la Primavera Negra de marzo de 2003 con condenas
de hasta 28 años. La mayoría de ellos decidió emigrar a ese país
europeo, que los acogió junto a un gran número de sus familiares.

Con posterioridad, algunas declaraciones del Cardenal sobre la
inexistencia de presos políticos han provocado fuertes críticas. Pero no
puede olvidarse que en 1994 él emitió un mensaje por el hundimiento del
remolcador '13 de marzo', y era el cardenal cuando la COCC fue la única
institución cubana que realizó una declaración por las arbitrarias
detenciones de la primavera de 2003, emitida el 11 de abril. Durante 7
años, la mujeres familiares de los 75 recibieron ayuda de los
integrantes de la Iglesia católica de Cuba a todos los niveles en sus
duros avatares cotidianos y los días de visitas a las prisiones
distantes cientos de kilómetros de sus hogares. Asimismo, esas mujeres,
meses después conocidas como Damas de Blanco, fueron acogidas en la misa
dominical en la Iglesia Santa Rita de Casia, en Miramar, La Habana.

Monseñor Juan García tendrá grandes retos, más allá de su tradicional
cercanía a la población y la evangelización, a lo cual ha demostrado
gran dedicación en su desempeño desde cura hasta arzobispo, según
testimonian los camagüeyanos. Tendrá que asumir relaciones al más alto
nivel con las autoridades nacionales y la intensa actividad
internacional del cardenal Ortega, quien se convirtió en apreciado
consejero y negociador. Su papel fue notable durante el período de
diálogo entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, acompañados por el
Papa Francisco, que resultaron en el restablecimiento de las relaciones
diplomáticas. Pero puede esperarse que Monseñor García, como "pastor que
huele a oveja", profundice su cercanía al pueblo cubano al tiempo que
acometa con éxitos las demás complejas tareas.

Monseñor Juan García Rodríguez nació el 11 de julio de 1948. Su padre
era trabajador ferroviario y su madre ama de casa. Siendo adolescente
ingresó en el Seminario San Basilio de El Cobre y terminó su formación
teológica en el Seminario San Carlos y San Ambrosio como parte del
primer grupo que realizó todo el período de formación sacerdotal en
Cuba. Fue ordenado en el templo parroquial de Morón el 25 de enero de
1972, cuando aún no había cumplido los 24 años.

Ejerció sus primeros años en la actual diócesis de Ciego de Ávila, Morón
y Jatibonico. En 1989 pasó a la parroquia de Florida y otras comunidades
vecinas. El 15 de marzo de 1997 recibió el nombramiento de obispo
auxiliar de Camagüey (con el título de Obispo Gummi de Proconsolare). A
fines de 1998, la diócesis de Camagüey fue elevada al rango de
arquidiócesis, de la que resultó el primer arzobispo.

Source: Los retos del nuevo arzobispo de La Habana | Cubanet -
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