Martes, Diciembre 6, 2011 | Por Luis Cino Álvarez
LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Se podría suponer que en
Cuba, luego de más de medio siglo de socialismo y con tanta propaganda
acerca de la emancipación de la mujer, se acabó el machismo. Pero no.
Es proverbial cuán poco confiable es la propaganda oficial. Usted puede,
tranquilamente, olvidarse de lo que digan el Código de la Familia, la
Federación de Mujeres Cubanas, el CENESEX y de "las iguales
oportunidades para todos sin distinción de género" de que se habla.
En Cuba, el machismo viste nuevos ropajes y recupera el terreno que
nunca perdió del todo. Los muchachos, que se tatúan un eribanga en la
espalda o se hacen un piercing en la lengua, se depilan el pecho y las
piernas, usan aretes, saludan con un beso a sus aseres, ponen a jinetear
a sus novias -que tratan como perras y ellas tan contentas- o le dan una
puñalada a cualquiera –en una fiesta, en una guagua, en una cola- para
demostrar que son hombres a todo.
Las mujeres llevan la peor parte en este rebrote machista. Sus maridos
las insultan y golpean en la casa o en plena calle. Por cualquier
motivo. Porque los contradicen y los desobedecen, porque no hay comida,
por quitarles la razón delante de los hijos, porque se acabó el dinero,
porque están borrachos, por celos. Con tanto stress, tan poco espacio y
tanta gente como hay en la casa, cualquier motivo vale para una bronca…
Los medios advierten sobre la violencia doméstica y se supone que hay
leyes que protegen a las mujeres del acoso sexual y el abuso masculino.
Pero pocas abusadas acuden a la justicia o a los centros de ayuda de la
FMC. ¿Para qué? La policía no se mete en las broncas entre marido y
mujer, dicen. Y ellas –a veces tan machistas como sus maridos- han
llegado a ver el maltrato como algo natural. Los machos son así y no
vale la pena intentar cambiarlos.
Eso, por no hablar del hecho de que a menudo, corpulentos agentes de la
Seguridad del Estado y sus porristas disfrazados de "pueblo indignado"
zurran a las Damas de Blanco a la vista de todos, en plena vía pública.
Las mujeres se ven obligadas a ceder espacios que habían ganado y a
sacrificar su independencia y su dignidad porque la economía aprieta.
Así, mientras exhiben sus encantos como carne en la tarima, tienen que
aceptar que los machos las pongan en su papel de objeto sexual, las
piropeen en las aceras, las acosen en la oficina o la fábrica o se las
lleven a la cama por mucho menos de lo que cuesta un par de zapatos o un
almuerzo en un restaurante del Barrio Chino.
Por algo dijo lo que dijo la Princesa Mariela, frívolamente risueña,
cuando fue a Ámsterdam, al barrio de las putas, acerca de las cubanas
que se prostituyen para que les arreglen el baño. Igual que con el
plomero, pudo decir con el albañil, el carnicero, el director de la
empresa, el jefe de sector, el turista extranjero o el maceta que le dé
para comprar comida para sus hijos.
Pero no sabemos si la princesa conoce esas historias, porque la del
plomero se la debe haber contado alguna loquita de su séquito del
CENESEX y a lo mejor hasta creyó que era un chiste. Cosas de princesas.
Sólo que a una princesa de Mónaco no se le ocurriría hablar en nombre de
todas las mujeres del reino, incluso de las proletarias, las jineteras y
las moradoras de los llega y pon.
Sólo nos queda esperar por las fleteras con licencia en el Malecón y los
bayuses de cuentapropistas que paguen impuestos a la ONAT. Como se
supone que las putas cubanas sean las más instruidas del planeta – lo
dijo quien lo dijo- sólo les exigirán, junto con el certificado de
salud, una carta del Comité de Defensa de la Revolución que las avale
como políticamente confiables. No sea que el enemigo levante cabeza en
los burdeles que vendrán.
http://www.cubanet.org/articulos/el-machismo-que-no-cesa-y-los-burdeles-que-vendran/
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