martes, diciembre 06, 2011

Cuba, los rehenes del conejo

Cuba, los rehenes del conejo
Lunes 05 de Diciembre de 2011 22:14
Armando Añel

De ambos lados, en Miami y en La Habana, en Santiago y Nueva York, en
Las Villas y Madrid, los cubanos vivimos rehenes del miedo. Sin
generalizar ni pretender herir susceptibilidades, esa es la verdad. En
Cuba viven rehenes del miedo –del miedo a la responsabilidad— millones
de cubanos. Y en el exilio vivimos cientos de miles rehenes del miedo
de esos millones, haciéndole la vida fácil al miedo a la responsabilidad.

No nos engañemos. Permanecer en Cuba no sólo es cuestión de apego a la
tierra o a la familia, de patriotismo, nacionalismo o afán filial (me
refiero, por supuesto, a quienes permanecen pero no comulgan con el
régimen que oprime a Cuba). Tampoco de falta de oportunidades para huir.
Siempre se abre una oportunidad en el camino, y si no se abre se le
busca. Se le busca constante y empedernidamente, hasta encontrarla. Es
difícil salir de Cuba, pero se consigue con persistencia y voluntad.
Permanecer en Cuba entonces, fundamentalmente, es cuestión de miedo. De
miedo a lo desconocido y, sobre todo, en esta cuerda, de miedo a la
responsabilidad.

Estoy descartando, claro está, a aquellos que permanecen en Cuba para
combatir directamente el totalitarismo. Esos merecen nuestra comprensión
y respeto, pero son los menos. Una ínfima parte de la población cubana.
La inmensa mayoría de quienes permanecen en Cuba y detestan al régimen
siguen allí por miedo a las responsabilidades que deberán afrontar en el
exilio más que por amor a la patria o a la familia. Estos últimos
sentimientos, genuinos y respetables, existen ciertamente, pero en
muchos casos, más de los que se cree, no resultan determinantes. En
cambio, el miedo a la responsabilidad, a la libertad a campo abierto –el
miedo del conejo que imagina al halcón sobre él interminablemente, en
medio de la sábana--, es el que define el inmovilismo, la dependencia
gregaria de quienes no abandonan el país.

La gran paradoja es que desde el exilio, tal vez inevitablemente –no
estoy discutiendo si se debe o no ir a Cuba, si se deben o no financiar
negocios y proyectos en Cuba--, alimentamos ese miedo, lo conformamos
minuciosamente. Habitamos también, de otra manera pero coincidentemente,
la cómoda prisión preventiva de la irresponsabilidad, trabajando por el
continuismo con el pretexto de "la unión de la familia cubana". Pasan
los años, las décadas, y el exilio inconsciente continúa agrandando los
márgenes de la Cuba parasitaria, justificando el terror del conejo que
imagina al halcón en todas partes, alimentando una y otra vez su yacer
vegetativo. Y así continuamos de ambos lados, en Miami y en La Habana,
en Santiago y Nueva York, en Las Villas y Madrid, rehenes del miedo a la
responsabilidad.

http://www.neoclubpress.com/opinion/articulos/2550-cuba-los-rehenes-del-conejo.html

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