La historia de un "Paladar cubano" recien inaugurado contada por la
productora de la cadena NBC Mary Murray.
HAB102. LA HABANA (CUBA), 31/03/2011.- Varias personas son atendidas en
la cafeteria de un trabajador "cuentapropista" en La
La prensa independiente cubana, y la extranjera, han cubierto
ampliamente algunos de los inconvenientes que enfrentan los nuevos
cuentapropistas en la isla, como los altos impuestos, los múltiples
trámites burocráticos o la falta de un mercado mayorista.
Faltaba un aspecto por abordar, y lo hizo el viernes un reportaje
fechado en La Habana y firmado por la productora de la cadena NBC Mary
Murray,
"Cuban restaurateur learns capitalism the hard way" ["Dueño de
restaurante cubano aprende el capitalismo por las malas"], se ocupa de
la falta de conocimientos empresariales de estos valientes, de su
ignorancia de principios básicos demostrados a través de cientos de años
de experiencias en el mercado, que la mayoría de los cubanos de la
generación post revolucionaria desconocen y muchos están aprendiendo
ahora por el método de ensayo y error.
Murray toma el ejemplo de Rolando Hernández, un camarero de hoteles
estatales que decidió renunciar a su puesto para perseguir su sueño de
abrir un pequeño restaurante.
Lamentablemente -dice la autora- Hernández nunca aprendió uno de los
axiomas del negocio: "El lugar lo es todo".
El nuevo cuentapropista de 46 años invirtió todos sus ahorros y hasta
vendió su computadora, su televisor y el juego de sala para poder
inaugurar en febrero pasado "Las Margaritas", un restaurante de estilo
familiar en La Habana del Este.
Una de las cuentas que sacó Hernández es que el establecimiento sería
uno de los pocos que operarían en esa localidad, y que, sólo por eso,
las cosas le iban a salir bien.
Así podría ser, si todo estribara únicamente en las condiciones del
local y la calidad de la oferta.
La enviada de NBC dice que "Las Margaritas" cuenta con un salón comedor
íntimo y agradable, decorado con buen gusto, con una cocina limpia y
espaciosa y personal experimentado, pues todos provienen, como
Hernández, de instalaciones turísticas administradas por el Estado. Los
pocos clientes que han visitado el establecimiento aseguran que la
comida es buena, y las porciones, generosas.
Sin embargo, salvo los fines de semana los empleados se pasan la mayor
parte del tiempo sentados y sin hacer nada. Y Hernández se pregunta:
"¿Qué he hecho mal?".
Pues para empezar, apunta Murray, sólo un psíquico o alguien con un
olfato muy fino podría adivinar que detrás de aquellas puertas de madera
hay un restaurante.
Hernández dice que está esperando a tener un poco más de dinero para
fijar un letrero en el exterior del inmueble
Publicidad, no hay ninguna y, si pudiera pagarla, no existen diarios ni
radioemisoras independientes en Cuba donde pudiera pagar un anuncio. Así
que depende mayormente de Radio Bemba, de que la noticia se corra de
boca en boca.
El camarero devenido gerente esperaba haber recuperado ya su inversión
inicial, pero su "paladar" lleva abierta apenas tres meses, un periodo
que cualquiera con alguna instrucción sobre administración de empresas
sabe que es muy corto para que una empresa que empieza pueda trascender
su punto de equilibrio y comenzar a obtener ganancias.
Pero quizás el mayor desafío para el éxito de Las Margaritas es, como
decía Murray al principio, el lugar, la ubicación. La Habana del Este se
encuentra a kilómetros de las zonas turísticas de la ciudad; y "Las
Margaritas" está insertado en medio de los edificios de apartamentos
cuadrados -un legado soviético-- que se construyeron allí después de 1959.
Y está también el poder adquisitivo de la clientela: Sólo en alguna
ocasión especial las humildes familias que viven en La Habana del Este
se pueden dar el lujo de salir a comer fuera, lo que implica gastarse
casi íntegramente en el festejo sus salarios, ganados con esfuerzo.
La productora de NBC señala que la queja más reiterada por muchos
cubanos en los últimos 20 años ha sido la insuficiencia del salario. Y
apunta que, aunque en el papel la gente está ganando más que nunca, en
la realidad, el peso cubano tiene menos poder adquisitivo que hace
veinte años.
Cita la autora al economista cubano Pavel Vidal, quien explica que
cuando la economía de Cuba entró en caída libre, entre 1989 y 1993, se
derrumbó el nivel del llamado "salario real", el salario ya ajustado a
la tasa de inflación. Y Vidal ha determinado que, a pesar de que los
salarios reales comenzaron a repuntar a partir de 1994, la gente siguió
viéndose obligada a "rebuscársela" para llegar a fin de mes.
Vidal calcula que los ingresos reales de hoy oscilan alrededor del 25
por ciento de los niveles de 1980, por lo que -dice Murray-- el cubano
ha tenido que acudir a su "recursividad". Esto, traducido al criollo, es
la capacidad para "resolver"que los cubanos se han visto obligados a
desarrollar, empujados por la penuria, desde el período especial a la fecha.
La misma capacidad -agrega la autora-- que motivó al gastronómico
Hernández, disgustado por la lentitud con que se movía su paladar, a
revisar, por pura intuición, su plan de negocios.
Ahora, además del menú formal, "Las Margaritas" oferta uno reducido de
comida para llevar, más a tono con lo que los clientes de La Habana del
Este pueden pagar.
Y termina el reportaje de Mary Murray citando al bisoño empresario
cubano: "Las Margaritas podría llegar a ser mi sueño… o tal vez mi
pesadilla. Sólo el tiempo lo dirá", asevera Hernández.
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