sábado, mayo 07, 2011

Cuba: el templo de la corrupción

Cuba: el templo de la corrupción

Ni los altos oficiales militares, designados para cubrir los cargos
estratégicos de la economía, han sido inmunes a la tentación de robar al
Estado.

Rolando Cartaya/ Especial para martinoticias 06 de mayo de 2011

Mientras la prensa oficial daba a conocer en La Habana las sentencias
por delitos económicos "continuados" contra el ex ministro de la
Industria Alimenticia Alejandro Roca, y el empresario chileno y ex
oficial de las tropas especiales de Cuba Max Marambio, --este último en
ausencia, pues conoce bien el paño y todavía lo están esperando en La
Habana--, el diario digital Global Post publicaba un reportaje acerca de
uno de los dilemas del gobierno de Raúl Castro: cómo descentralizar la
economía sin estimular la corrupción de los altos cuadros dirigentes.

Se sabe que en Cuba, en medio del desequilibrio brutal de precios y
salarios, todo el mundo roba para sobrevivir. Es algo tan generalizado
que hasta se le "chiquea" el nombre al robo, llamándole "invento".

Pero esta pieza, "Catching the Cleptocrats" [Capturando a los
cleptócratas], .no se ocupa de quienes roban de un almacén estatal un
galón de goma de zapatero o unas varillas para soldar, sino de aquellos
altos cuadros de larga confianza política, y todavía más larga
permanencia en sus cargos, que cuando se corrompen son más peligrosos
para el régimen que la oposición, como postulara en un artículo que le
costó su militancia comunista el académico Esteban Morales.

Señala el corresposal de Global Post en La Habana, Nick Miroff, que en
el reciente Congreso comunista Raúl diagnosticó acertadamente que el
exceso de centralización conspira contra el desarrollo de la iniciativa,
pues los cuadros se acostumbraron a que todo se decidiera "arriba", y en
consecuencia, dejaron de sentirse responsabilizados con los resultados
de la organización que dirigen.

Esto –dice Miroff-- conlleva a la parálisis por inercia, a que nadie se
atreva a tomar decisiones y por consiguiente a una enervante burocracia
y al estancamiento económico. De modo que Castro quisiera conceder más
independencia a las empresas estatales y los gobiernos locales,
liberándolos de la necesidad de obtener el permiso de La Habana para
cada mínimo gasto o decisión.

Pero al mismo tiempo --apunta el enviado de Global Post-- una serie de
escándalos de corrupción entre los ejecutivos cubanos en los últimos
meses constituye un despabilador recordatorio de por qué la economía
estatal de la isla se volvió tan centralizada. Y es que tan pronto el
gobierno relaja sus controles, los directores de empresas, --que, dice
el autor, viven chapoteando en la malversación—vuelven a alterar los
libros y tienden a ser aún más avariciosos.

No es difícil –continúa Miroff-- imaginar las tentaciones que enfrentan
los capitanes de la industria socialista en Cuba. Mientras trabajan
largas jornadas por un salario ínfimo, se espera que defiendan los
ideales socialistas de sacrificio y austeridad personal, cuando por otro
lado sus estilos de vida y sus relaciones de negocios les obligan a
banquetearse y beber con sus interlocutores capitalistas, gente –para
los estándares cubanos-- fabulosamente rica.

Y muchos de estos cuadros del comercio de alto volumen deben manejar en
su gestión decenas de millones de dólares del gobierno, a pesar de
devengar mensualidades que no superan en mucho el salario medio cubano
de 17 dólares al mes.

El reportaje menciona el reciente caso de corrupción millonaria en la
empresa tabacalera Habanos S.A.dado a conocer la semana pasada porla
revista The Economist; y el del veterano presidente de Alimport, Pedro
Alvarez, quien se cree huyó a Estados Unidos con lo que pudo sacar de
sus compras de alimentos en este país. También, nuevos rumores sobre el
escándalo del año pasado en la industria del níquel.

Agrega el periodista que, aunque como medida profiláctica contra la
corrupción se ha designado históricamente a altos oficiales militares
para cubrir los cargos estratégicos de la economía, estos tampoco han
sido inmunes a la tentación. Un ejemplo es el caso del general Rogelio
Acevedo, bajo cuya supervisión de la Aviación Civil se desarrolló un
negocio paralelo de flete de aviones de la aerolínea Cubana.

Termina diciendo el enviado a La Habana de Global Post que, aunque Cuba
se ubica en un nivel relativamente bajo por sus índices de corrupción
--en la última clasificación de Transparencia Internacional quedó en el
lugar 69 entre 178 países--, recibir sobornos y "comisiones" es una
práctica habitual entre los ejecutivos cubanos encargados de realizar
compras millonarias en el exterior a nombre del gobierno de la isla.

Un dinero que luego ponen a buen recaudo en cuentas bancarias foráneas o
utilizando como "alcancías" a sus familiares en el extranjero.

El reportaje de Global Post se queda corto sin embargo, pues es obvio
que estos altos cuadros dirigentes de la economía no son los únicos
chupópteros del desangrado erario cubano.

Por años la revista Forbes ha ubicado a Fidel Castro entre los
gobernantes más ricos del mundo. En noviembre de 2010 ocupaba el séptimo
lugar con 900 millones de dólares, comparables a la fortuna de la Reina
Isabel Segunda. Según Forbes, estos fondos de Castro proceden de una red
de negocios de propiedad estatal que responde directamente al ex
gobernante, entre ellos el Palacio de las Convenciones, el conglomerado
CIMEX, y Medicuba.

Y la lista de los que proclaman socialismo o muerte y tienen abultadas
cuentas en Suiza no se limita al "Uno". Un consultor de crímenes
financieros, Kenneth Rijock, elaboró una relación de 79 miembros de la
"nomenklatura", artistas y deportistas cubanos que tienen fortunas de al
menos cinco millones de dólares. Raúl Castro y Ramiro Valdés aparecen
sólo detrás de Fidel con más de 100 millones cada uno.

De esta corrupción no habló Esteban Morales. A veces lo más obvio tiende
a pasarse por alto. ¿Será eso lo que le pasó a Morales con la corrupción
absoluta que produce el poder absoluto?

http://www.martinoticias.com/noticias/Algunos-corruptos-son-mas-iguales-que-otros-121386449.html

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